PERFIL PERIODÍSTICO · ARCHIVO

El pescador de hombres que viene del fin del mundo

Nombre

Jorge Mario Bergoglio

Pontificado

Pontificado: 2013–2025

Entrevista

Entrevista: una década después de su elección

Francisco aparece en el balcón central de la Basílica de San Pedro la noche de su elección, el 13 de marzo de 2013.
Tenan · Wikimedia Commons · CC BY-SA 3.0

El perfil

Un retrato de Francisco construido alrededor de la austeridad, el diálogo, la inclusión y las tensiones de la Iglesia contemporánea.

Nota de contexto. Este perfil recoge la mirada de la entrevista mencionada como posterior a diez años de la elección. Las referencias a sus 86 años y a la posibilidad de una renuncia pertenecen a aquel momento. Francisco murió el 21 de abril de 2025, según la declaración oficial de la Santa Sede.

En marzo de 2013, tras la renuncia de Benedicto XVI, el cónclave eligió al cardenal argentino Jorge Mario Bergoglio para ocupar la silla de san Pedro. La decisión generó controversias, incluso por la elección misma del nuevo pontífice.

«El Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo»

Por primera vez había un papa sudamericano y las ovaciones multitudinarias no se hicieron esperar. Argentina se presumía como portadora de los más valorados títulos en el mundo. El planeta contemplaba la ascensión de Francisco en la Plaza de San Pedro con entusiasmo, esperanza y brío. Las luces, las cámaras y los corazones de miles que lo rodeaban se dirigían a él como si del nuevo emperador romano se tratara. La muchedumbre ensordecedora lo aclamaba, depositando en él su fe para el futuro de la Iglesia; la feligresía de todas las naciones lo escuchaba con fervor, temor y temblor a través de las pantallas.

El nuevo papa rezó, en primera instancia, un «Padre Nuestro», un «Ave María» y el «Gloria al Padre» en latín. También pidió por el emérito Benedicto XVI, quien, debido a su avanzada edad, dejaba la cátedra como obispo de Roma y se retiraba. Asimismo, solicitó una oración por él mismo, para un correcto gobierno eclesiástico. La multitud enmudeció: todos entrecruzaron los dedos para elevar una plegaria común, con un solo objetivo.

«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra voy a construir mi Iglesia»

Luego de diez años, el Diario Perfil entrevistó al líder religioso. Francisco recibió al diario en la Residencia de Santa Marta, su domicilio en ese momento, en lugar del Palacio Apostólico, hogar de los papas que lo precedieron. Por su deseo de austeridad, no quería adornarse con el arte de los maestros del Renacimiento. «Soy el Papa del fin del mundo», afirmó en algún momento, sin percatarse de la polisemia que envolvía la expresión. «Lo digo geográficamente», aclaró. Al proclamarse el «Papa del fin del mundo», Francisco señalaba que desde un país de la periferia como Argentina se podía tener más perspectiva, una visión más amplia de las situaciones y coyunturas de la sociedad.

Su punto de vista era concluyente al pensar en el origen de la vida: «Hubo un principio, eso es clave», una idea que concordaba con su ánimo de conciliar posiciones. Enfatizaba que el Génesis posee un lenguaje «mítico», «el mito como forma de conocimiento», de modo que no hay una disonancia necesaria entre ciencia y religión en el mundo moderno. Aparentemente, guardaba la tradición de San Agustín, al menos en lo que respecta al tiempo, al declarar que «el tiempo es superior al espacio», ya que «los procesos se dan en el tiempo» y, si las organizaciones y los movimientos no se renuevan, caen en el totalitarismo.

«Los que vienen a mí, no los echaré fuera»

¿Cuál era su interpretación del cielo y el infierno? «El infierno no es un lugar, es un estado», respondía. A sus 86 años, su postura era despejada, clara y lúcida. Hablaba parsimoniosamente; sus movimientos eran pausados y pacientes, aunque firmes y convencidos. Su humildad resultaba abrumadora: alternaba filosofía y teología sin petulancia ni presunción.

«La Iglesia es para todos», afirmaba: divorciados, homosexuales y marginados de todo tipo. Consideraba que la política de unión civil era un avance positivo para la sociedad, aunque «el matrimonio —como sacramento— posee otra configuración». En su afán de tolerancia, sostenía que «el Espíritu Santo causa las diferencias en la Iglesia y luego las armoniza» y que «no vamos para atrás, sino para adelante». Algunos pensaban que, por su ordenación sacerdotal en 1969, posterior al Concilio Vaticano II, representaba una visión más social —progresista— del catolicismo. «La homosexualidad es pecado, pero no un delito», señalaba, y condenaba firmemente la criminalización de la homosexualidad en múltiples países.

En cuanto a los numerosos casos de abuso sexual infantil entre integrantes de la jerarquía eclesiástica, Francisco denunciaba: «Los abusos sexuales son horribles, no se pueden ocultar». El celibato, al que se comprometen los sacerdotes ordenados según el rito latino, no es obligatorio en el rito oriental. En la Ciudad del Vaticano trabajaban en administración y gestión párrocos casados, que vivían con sus esposas e hijos. El papa consideraba evaluar la obligatoriedad de los votos de celibato sacerdotal en la Iglesia.

La función de las mujeres en la Iglesia era esencial y completamente necesaria. El propio perfil describe a la Iglesia como portadora de una sustancia femenina: «La Iglesia no es varón, la Iglesia es mujer, la Esposa del Cordero», enfatizaba el vicario de Cristo, esclareciendo el desempeño de las mujeres en la religión cristiana. El texto presenta el ministerio eclesial femenino como una labor de contención maternal —en alusión a la Virgen María—, mientras que los hombres ejercen el sacerdocio docente y regente de acuerdo con la Tradición Apostólica.

«Dichosos los que tienen espíritu de pobres, porque de ellos es el Reino de los Cielos»

«La creatividad se alcanza con las diferencias», decía Francisco. A la diversidad, sostenía, no había que temerle. En la entrevista se recoge también su crítica a la «ideología de género», que calificaba de «nefasta» por considerar que pretendía acabar con las distinciones naturales entre individuos. Si bien hubo coincidencias históricas entre la labor de los jesuitas y algunos movimientos populares —la Revolución cubana y el peronismo, entre otros—, sus ideales, según el perfil, surgían directamente del Evangelio, que «no tiene nada que ver con el comunismo». Un ejemplo citado era Catalina la Grande, que llevó la educación moderna de Europa a Rusia; allí también estuvo la Compañía de Jesús.

El papa Francisco, que «no se olvida de los pobres», perseveraba en un ascetismo interior. En su voz, la crónica percibía un tono de compasión, a la par del movimiento flemático de sus manos, ornamentadas solamente por el Anillo del Pescador. Describía su rostro bajo el solideo y su muceta impoluta; la faja, con sus flecos dorados, era quizá la máxima opulencia que se permitía lucir. Ya se servía de un bastón para movilizarse; aun así, el texto lo describía con condiciones de salud suficientemente buenas. No desestimaba la renuncia, pero esperaba terminar su gobierno llevando a la Iglesia a vivir con más fe, esperanza y amor.

Una lectura

La crónica combina la escena de su primera aparición pública con las ideas y controversias que marcaron la entrevista realizada una década después de su elección.

Declaración de la Santa Sede sobre el fallecimiento
Francisco entre los asistentes a una audiencia pública semanal en la Plaza de San Pedro, mayo de 2018.
Mario Roberto Durán Ortiz (Mariordo) · Wikimedia Commons · CC BY-SA 4.0

PERFIL COMPLETO

Un retrato marcado por la humildad, el diálogo y la esperanza.

La crónica íntegra conserva sus cuatro intertítulos y recorre las ideas, tensiones y gestos que construyen este retrato.